martes, 3 de junio de 2014


Brasil...lala la lala lala...


“Antropofagia” – Tarsila do Amaral 1929
Óleo sobre tela,
126 x 142 cm

Tarsila do Amaral fue una artista brasilera (1886 – 1973), la pintora más representativa de la primera fase del movimiento Modernista brasileño.
En esta primera fase se destaca una reivindicación de la identidad nacional. Pero la pregunta fue, ¿Cual es la identidad nacional?, y el punto de partida fue otra pregunta no menor a la anterior… ¿Qué “somos” Brasil? en la que los propios artistas brasileños buscaban crear una corriente que fuera moderna, pero sin los conceptos euro céntricos de modernidad. Sino algo nuevo pero tomando sus raíces y a su vez su presente. Devorándolo todo para devolverlo en algo Nuevo, Renacido. Así el Movimiento Antropofágico  se dio de manera ecleptica y multicultural. Tarsila se casa con Oswald de Andrade en 1926, quien 2 años más tarde publicaría el Manifiesto Antropofágico.
Muchos de los artistas y escritores pertenecientes a este grupo se formaron en escuelas europeas, aprendiendo las corrientes artísticas más novedosas; sin embargo, al volver a su país las asimilaron desde la identidad local.
La misma Tarsila do Amaral, que había vuelto hace poco al país,  los títulos de sus obras estaban en Tupí- Guaraní, y no en portugués.  También lo que causó su asombro fue que por vez primera una pintura representaba la esencia de la cultura y la psicología nacionale, no sólo por el tema representado sino por la ejecución de la obra que colocaba en un lugar preponderante los colores y las formas nativas.
Si la modernidad en Europa o en Estados Unidos significaba barrer con lo viejo, casi olvidarlo, para imponer algo nuevo, el movimiento antropofágico proponía devorarlo todo, lo viejo, lo pasado, lo presente, todas las disciplinas para convertirlas en un nuevo ser. La importancia de la corriente antropofágica recae en que, a diferencia de otras tendencias coetáneas latinoamericanas, no se enfocó exclusivamente en el indigenismo o en lo meramente autóctono, sino que tuvo la capacidad de reconocer en el “otro” características devorables e integrables a su identidad en formación. Asimismo, el entrelazamiento de diversas disciplinas artísticas, como la literatura y la pintura (que a su vez se comían mutuamente), dio como resultado un movimiento que comprobó que era posible producir algo propio a partir del acto de devorar. El hecho de que la vanguardia sea un movimiento estético limpia el horizonte histórico de residuos científicos y de pretensiones de verdad: el discurso queda por fin completamente del lado del lenguaje y es en ese gesto lúdico que el discurso colonial se muestra en su desnudez: por fin el indio le devuelve, con una carcajada, los espejitos de colores al europeo desconcertado.
Esté movimiento toma el canibalismo, y a la figura del Caníbal, no como la palabra o el concepto despectivo del conquistador. Sino como fuerza para renovar lo que antes le había sido quitado. Para tomar el presente y juntarlo con lo que Brasil ya tenía en sus venas. O como dice Oswald de Andrade en el Manifiesto:
Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista. La edad de oro.
Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había descubierto la
felicidad.

Gracias eternas a R.G

S.Zeta