Brasil...lala la lala lala...
“Antropofagia” –
Tarsila do Amaral 1929
Óleo sobre tela,
126 x 142 cm
Tarsila do Amaral
fue una artista brasilera (1886 – 1973), la pintora más representativa de la
primera fase del movimiento Modernista brasileño.
En esta primera
fase se destaca una reivindicación de la identidad nacional. Pero la pregunta
fue, ¿Cual es la identidad nacional?, y el punto de partida fue otra pregunta
no menor a la anterior… ¿Qué “somos” Brasil? en la que los propios artistas
brasileños buscaban crear una corriente que fuera moderna, pero sin los
conceptos euro céntricos de modernidad. Sino algo nuevo pero tomando sus raíces
y a su vez su presente. Devorándolo todo para devolverlo en algo Nuevo,
Renacido. Así el Movimiento Antropofágico
se dio de manera ecleptica y multicultural. Tarsila se casa con Oswald
de Andrade en 1926, quien 2 años más tarde publicaría el Manifiesto Antropofágico.
Muchos de los
artistas y escritores pertenecientes a este grupo se formaron en escuelas
europeas, aprendiendo las corrientes artísticas más novedosas; sin embargo, al
volver a su país las asimilaron desde la identidad local.
La misma Tarsila do
Amaral, que había vuelto hace poco al país,
los títulos de sus obras estaban en Tupí- Guaraní, y no en
portugués. También lo que causó su
asombro fue que por vez primera una pintura representaba la esencia de la
cultura y la psicología nacionale, no sólo por el tema representado sino por la
ejecución de la obra que colocaba en un lugar preponderante los colores y las
formas nativas.
Si la modernidad en
Europa o en Estados Unidos significaba barrer con lo viejo, casi olvidarlo, para
imponer algo nuevo, el movimiento antropofágico proponía devorarlo todo, lo
viejo, lo pasado, lo presente, todas las disciplinas para convertirlas en un
nuevo ser. La importancia de la corriente antropofágica recae en que, a
diferencia de otras tendencias coetáneas latinoamericanas, no se enfocó
exclusivamente en el indigenismo o en lo meramente autóctono, sino que tuvo la
capacidad de reconocer en el “otro” características devorables e integrables a
su identidad en formación. Asimismo, el entrelazamiento de diversas disciplinas
artísticas, como la literatura y la pintura (que a su vez se comían
mutuamente), dio como resultado un movimiento que comprobó que era posible
producir algo propio a partir del acto de devorar. El hecho de que la
vanguardia sea un movimiento estético limpia el horizonte histórico de residuos
científicos y de pretensiones de verdad: el discurso queda por fin completamente
del lado del lenguaje y es en ese gesto lúdico que el discurso colonial se
muestra en su desnudez: por fin el indio le devuelve, con una carcajada, los
espejitos de colores al europeo desconcertado.
Esté movimiento
toma el canibalismo, y a la figura del Caníbal, no como la palabra o el
concepto despectivo del conquistador. Sino como fuerza para renovar lo que
antes le había sido quitado. Para tomar el presente y juntarlo con lo que
Brasil ya tenía en sus venas. O como dice Oswald de Andrade en el Manifiesto:
“Ya teníamos el comunismo. Ya teníamos la lengua surrealista. La edad de
oro.
Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había
descubierto la
felicidad.”
Gracias eternas a R.G
S.Zeta
