miércoles, 21 de mayo de 2014

Yerba Mate Libre


Capítulo 2 - HENNA

... A partir de aquel día nos vimos y mateamos todos los días. Usábamos la yerba hasta que no sabía a nada y después la hacíamos secar al sol para mezclarla más tarde con la nueva. Al tiempo Henna deja su trabajo y viene a vivir conmigo. Y llega el día en que tenemos solo para un mate, o menos. Lo tomamos. A la noche voy a buscar la yerba que puse a secar en el techo por la mañana. Envuelta en un diario la coloqué en el hueco de una vieja toma de aire oxidada que sirve para repararla del viento, y de la lluvia que cayó en un momento. Me acuerdo que había estado orgulloso de conseguir un lugar tan acorde a la necesidad. Previene el viento, sonreía de pensarlo. Llego al techo. Trepo. Salgo arriba como si lo hiciera de una tapa de agua en medio de la calle. Para no pisar las chapas, camino hasta la toma de aire sobre los tirantes. Cuando llego hasta el diario y me asomo, sólo hay un puñadito de yerba, y unas hormigas negras musculosas del turno noche rompe huelgas que se anticiparon  a mi trabajo. Se habían llevado casi todo! Sigo su camino, y allí van cargando las hojas trozadas. Descubrieron una provisión sencilla de transportar, y lo hacer ordenadamente. Observo la fila hasta que se pierde de vista en una fisura de la medianera. Una a una se meten, llevándose la yerba. Si pudiera negociar con ellas, les daría a cambio azúcar, kilos de hojas secas, una cantidad de pan como para exportar; pero las hormigas no pactan con los hombres. Bajo con el puñado que queda. Henna ya está calentando el agua. 
- Suspendé el mate. Las hormigas se llevaron todo.
- ¿Adónde? - pregunta
- Supongo que al hormiguero
- ¿Cómo se la llevaron? - insiste incrédula
- Así - respondo y hago mímica de un ser cargando un objeto pesado en su espalda
- Ufa!!!

Capítulo 3 - PÓLVORA

Sin medias me duermo entero. De acostarme temprano me levanto de madrugada. Amanezco amando. Me encanta ser feliz. Me destapo la montaña. Me río caudaloso. Es el día mas celeste del año. De este momento no me voy. Un mosquito despertó mis dedos. Me picó mucho. Me rasqué bastante. El silencio todavía duerme y no hay ruido que le abra los ojos. Mateo me oye, y con toda la noche en su cara, golpea la puerta y le abro. Acaba de reponerse de una gripe. Está mas alto. Tuvo fiebre y puede que haya aprovechado para crecer un poco. Viene a pedirme un poco de yerba...

Guillermo de Pósfay inicia viaje (para nada visionario) metafóricamente argentino.
Lejos de pensar en los conceptos Freudianos, nos invita a reflexionar sobre aquello que es prohibido.
¿Que ocurriría si algo tan irresistible, al menos para mi, como el mate sea sinónimo de censura? Un lugar donde la yerba mate sea de uso exclusivamente clandestino.
Me resulta interesante este planteo, sobre todo cuando pienso en un mundo donde la inmediatez de la oferta y la demanda, nos oficia de mesías.
¿Dónde queda lo prohibido? ¿Hasta donde somos atados de pies y manos por la moralidad?

Libro obsequio de mi amiga María Florencia, libro de editorial independiente que cruza de mano en mano.
Disparatados relatos con una exquisita descripción que el autor profundiza a través de palabras simples. Sencillas como uno.

S.Zeta



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